martes, 14 de julio de 2009
PORQUE ESCRIBIR ME GUSTA, CREO (#1)
“…and now I have to write a show, so I thought, what do I want to say? What do I want to talk about? And I sat down at my desk and I’m starring at my desk and I thought… Wow that’s dusty”
- Ellen DeGeneres en su rutina sobre la procrastinación.
El epígrafe en este caso no sólo es sobre procrastinar sino que es evidencia de que cuando tengo que escribir, yo también lo hago. Hay una distancia tremenda entre decidir de qué escribir y escribirlo. Es un problema de geografía mental. Al terminar el primer párrafo generalmente el sentimiento es de haber tenido que tomar micros y buses, haber hecho dedo, tomado aviones y ferris, remado canoas y dado vueltas por cualquier lado. Nunca le hago caso a la agenda que me compro a principios de año. De todas formas, hay algo bueno de aplazar las cosas que importan y es que todo lo que estaba esperando en el estamento inferior de prioridades se lleva a cabo con meticuloso gusto. Mi relación con la escritura, entonces, se transforma en mi relación con ordenar el closet, con sacudir los dvds, con lavarle el plato a los gatos, con reorganizar el cajón de los remedios, con encontrar tiras de ibuprofenos vencidos, con pensar cómo es que no hice esto antes. Se transforma en volver a ver videos de stand-up comedy en los que recordaba haber escuchado algo sobre procrastinar.
Para los psicólogos muchas veces procrastinar es definido como un mecanismo a través del cual se lidia con la ansiedad de empezar o terminar cualquier quehacer o decisión. Estoy de acuerdo con ellos y creo estar al menos tratando de llegar a cierta identificación de las distintas etapas de mi propio auto-boicot con escribir, porque escribir me gusta, creo. Primero que nada me urge dejar establecido de antemano que facebook, tweeter y msn o el embobamiento que pueda producir mirar horas fotos ajenas en flickr, son recursos para principiantes. La verdadera tortura es cuando el computador entero está asociado a la culpa que da no hacer lo que te proponías hacer. Ahí es cuando el computador se apaga y el cielo es el límite. Yo admito haber ido a la esquina a comprar La Tercera, El Mercurio, Las Últimas Noticias, The Clinic y La Cuarta y haberme sentado a leer hasta la sección de negocios de cada uno de esos diarios un día antes de tener que entregar un ensayo. Y es que ‘sacar la vuelta’ puede sonar como una expresión demasiado inofensiva. The Catcher in the Rye, en ese sentido, me parece que podría considerarse una novela sobre sacar la vuelta. Sacar la vuelta hasta perderse de tanta vuelta. De esta forma, aplazar, está mucho más relacionado con el miedo y la culpa que con la flojera o la ley del mínimo esfuerzo. Sería increíble que una condición como esta se transformara en una preocupación más socialmente asimilada, como el alcoholismo o la adicción a los juegos de azar. Habrían sesiones de terapia grupal: “Hola, me llamo Paloma y hoy terminé de escribir la lista para el supermercado que empecé hace dos semanas” y aplausos.
La imagen de la musa inspiradora de los griegos en este contexto me parece casi de comedia à la Woody Allen. Me imagino a una mujer forrada en velos bailando alrededor mío mientras descarto calcetines huachos y a los demás los ordeno por color. Y bueno, no por nada las epifanías –es sabido– se tienen con mayor frecuencia durante actividades alejadas de lo que necesitábamos entender o hacer. Pero procrastinar no es eso para nada, porque, yo por lo menos, sé qué es lo que debiera estar escribiendo incluso mientras emparejo calcetines. Quizás lo único positivo de retrasar lo que tengo que escribir –aparte del buen funcionamiento de mi cajón de calcetines-, es que después, el proceso de escribir (si es que finalmente llega), es más preparado, más calculado.
Históricamente creo que las mejores cosas que he escrito han sido fuera del tiempo de entrega o para otra persona. Históricamente también, he leído y escrito el doble durante las vacaciones. Las posibilidades de ghost writer siempre me han atraído y quizás algo de eso haya en la opción de querer dedicarme a escribir guiones. Un profesor del diplomado de guión (en el cual también casi siempre entregué los trabajos atrasados) una vez dijo que un guión era un escrito para ser quemado, y es cierto. La escritura de guión presupone que no serás totalmente dueño de lo que sea que se haga después con lo que escribiste. Sólo pensar en esto me hizo recordar vertiginosamente que en educación básica hubo un año en que la profesora jefe nos dio permiso para empezar a usar lápiz a pasta. Ya no borrábamos tanto como en los años anteriores. Para todos fue una especie de hito y privilegio máximo pasar al lápiz Bic. Es más, la profesora aconsejó que usáramos lápices a tinta, porque era menos resbaladiza que la pasta. Ya con esa recomendación, para mí, la profesora le estaba predicando al coro. Eran demasiados los peligros, desde la implacable resistencia a la goma de borrar, hasta la cualidad resbaladiza que incluso entonces me sonaba a tragedia automovilística en la lluvia. Así de terrible.
De todas formas, esa ansiedad se disipa cuando de verdad terminas el primer párrafo. Más aún si te deja un poco contenta y muchísimo más aun si se lo puedes leer a alguien que esté. Así ya se puede pensar con más claridad. Ya no hay culpa ni terapia grupal ni –gracias a dios– sección de negocios ni mucho menos tragedia automovilística. Un neurólogo una vez me dijo que lo que podríamos llamar memoria RAM del cerebro se agota el doble cuando se vive sin tomar una decisión inminente. Que aun eligiendo la opción incorrecta nuestro cerebro se agota menos. Quiero decir que la ley del mínimo esfuerzo, la mayoría de las veces, para mí es todo lo contrario. Equivocarme con el lápiz Bic quizás sería más saludable. Retardar la escritura también puede que sea una opción equivocada, pero claramente no la más saludable. Lo cierto es que muchas veces no es una elección consciente.
DARWIN: SACÚDETE EN TU TUMBA (#2)

- Lewis Black sobre el Viejo Testamento.
Lewis Black, en esa misma rutina, dice que él como judío jamás ha intentado interpretar el nuevo testamento, razón por la cual los cristianos no debieran hacer lo mismo con el viejo, porque lo hacen mal. En cierta medida estoy de acuerdo. No creo que se le deba obligar a nadie dejar de interpretar algo, pero sí creo que hay ciertas guías que han sido obviadas por la Iglesia Católica, y las demás que han ido brotando a lo largo de la historia (evangélicos, anglicanos, mormones, etc.) No puede ser que después de miles de años siga habiendo una lectura arbitraria y literal de la Biblia. Algunos pasajes son llamados metafóricos y alegóricos mientras que otros son tomados por verdad, sorprendentemente estos últimos son usualmente los más fantásticos. Peor aún si estos tienen que ir siendo acomodados a los descubrimientos y avances científicos y tecnológicos posteriores a la escritura. Se han entrevistado a fanáticos en el documental Jesus Camp que declaran creer que los fósiles y huesos de dinosaurios, o las evidencias de la evolución del hombre, han sido puestos y enterrados en la tierra por el diablo con el fin de confundirlos y alejarlos de su fe. Más peligroso aún es si el presidente reelegido de Estados Unidos cree en todo esto.
En cierto sentido, esta historia, que se ha leído y entendido literalmente por tantos siglos, es como la teoría de que extraterrestres construyeron las pirámides de Egipto o levantaron las piedras en Stonhenge o a los moais en Isla de Pascua. Esta necesidad de creer tanto en la intervención divina, más que fe, puede bien ser una negación obsesiva de lo que la naturaleza es capaz de hacer por su cuenta. Un miedo a saber lo que los elementos y nosotros mismos podemos hacer con nuestra propia vida. Un miedo que históricamente se ha dirigido a crear distancias entre los hombres mismos. Desde tenerle miedo a la otra tribu a tenerle miedo a ‘el otro’ como concepto: al fundamentalista de medio oriente, al negro, al latino y –con Darwin- a tener que identificarse en las raíces con un mono. El miedo que, en su cableado neurológico original, nos ayudó a mantenernos alerta justamente de ese otro más hábil y más fuerte que nosotros. Hemos subsistido, en gran medida, gracias a ese miedo. George Steiner dice del lenguaje en torno al otro que “Perduramos, perduramos creativamente gracias a nuestra capacidad imperativa para decir “no” a la realidad, para construir ficciones de la alteridad, de la “otredad” soñada, deseada o esperada con el fin de que nuestra conciencia las habite. En este preciso sentido lo utópico y lo mesiánico son figuras de la sintaxis”. Steiner nos explica cómo el lenguaje nos da la oportunidad de crear a nuestro entorno y a ese otro que nos rodea. El lenguaje, en definitiva, es el que nos permite ser Dioses de nuestra propia Biblia, nuestra ficción. El miedo masivo del cristianismo a enfrentar las evidencias científicas de la evolución biológica es, entonces, el miedo al derrumbe de un ideal fantástico, ficcional, literario.
El Origen de las Especies fue un libro en su época asequible a cualquier nivel de lector, aún lo es. Darwin, como muchos antes que él, indicó un camino por el cual podíamos seguir la pista y comenzar a entendernos mejor: de dónde venimos, por qué estamos acá y toda esa serie de preguntas milenarias. Las confrontaciones que pueda o no tener aún su descubrimiento con las creencias que nosotros mismos nos hemos tenido que inventar para poder existir, en cierto nivel, pueden ser evidencia amontonándose para darle la razón a él. No queda más que plantear la posibilidad de que eso a lo que Steiner llama utópico y mesiánico en el lenguaje tiene aún la posibilidad de dar un giro. Si en vez de defender la supuesta veracidad de un texto antiguo y a estas alturas ajeno, pudiéramos maravillarnos con el funcionamiento del mundo que nos rodea, quizás esa ansiedad por temerle al otro se acabaría. Quizás podríamos enfrentar el mundo actual como uno donde todos podemos sobrevivir sin tener que aplastar al más débil.
domingo, 12 de julio de 2009
INTIMATE STRANGER @ BAR LORETO (#8)
Anoche nuestros amigos Pato Urzúa y Silvana Angelini estaban poniendo canciones en el Bar Loreto. Nos invitaron con semanas de anticipación, pero estábamos cansadísimos del día anterior, porque Pablo también había puesto música en el mismo lugar y hasta muy tarde. Nos dijeron que tocaría una banda con nombre en inglés que sabía que me sonaba pero que jamás había escuchado. No me tincaba nada aunque Pato dijo que el myspace sonaba bien. Pasamos alrededor de las 11 sin esperar quedarnos hasta más allá de las 12:30, con la pura finalidad de ir a saludar a los amigos. La banda empezó como a las 12:30 y fue imposible irse. Cuando se subieron al escenario y la poca gente que había se reunió más cerca, tengo vivo el recuerdo de haberle dicho a Carmen, que estaba sentada conmigo atrás, que no me movería por nada. Hacía un frío insoportable. Tanto frío que habría preferido al Bar Loreto repleto que muchas otras noches se hacía video clip apretujado de fifty cents. No le tenía ninguna fe a la banda desconocida y de alguna forma debo admitir que sólo con escanear al grupo de gente que se había reunido esa noche ahí, menos podía imaginarme lo que vendría después. El focus group era una escuálida masa de universitarias con look estilo indie medio forzado, un par, debo decir, eran derechamente fashion victims (mención honrosa para la del cintillo de cinturón vikingo que le estaba apretando la cabeza y para la del enterito de leopardo). La primera canción partió con esos discursos semi-rapeados a lo Debbie de Blondie que, con la coraza del prejuicio y la lata que me daba pararme que era capaz de polarizar cualquier opinión, decidí que era super pretencioso y obvio. Le dije a Carmen "Una vocalista guapa que toque el bajo siempre es un plus", Carmen asintió. Seguí escuchando y me di cuenta de que no tenía acento, su inglés era perfecto, las consonantes eran tan limpias que podían marcar el ritmo y la batería sonaba inusualmente segura de sí misma como para de verdad seguir estando en el Bar Loreto. Sonaba demasiado bien. Los acordes que vinieron después de eso fueron los que me mataron. Una especie de you had me at hello de Zellwegger en Tony Mcguire. Me paré y me acerqué a ver qué era eso que había encima del escenario y sonaba así de bien. Entre la gente alguien me dice que la vocalista es yugoslava pero que ha vivido en Londres, hoy me entero que se llama Tessie y es medio croata. Las canciones son cada vez mejores y de a pocos empiezo a sentir que no estoy en una tocata sino en una recital de verdad. Se apodera de mí esa sensación que dan los conciertos a veces, entre canciones, de lo feliz que estas de haberte gastado la plata y que esta, en serio, era una oportunidad única. Lo raro es que desde que Pablo pone música en Loreto es que nos dejan entrar gratis, lo raro es que Intimate Stranger es una banda radicada en Chile y que puedo ir a ver cuando quiera de hoy en adelante, lo raro es que estaba demasiado sorprendida y era inimaginable que 5 minutos atrás quería estar en mi casa, que no los conocía y no esperaba nada de nada. Pablo, que está igual de estupefacto que yo, corre a preguntarle a alguien cerca de la barra quiénes son, de dónde salieron y por qué son tan buenos. Cuando vuelve a mi lado, mi rodilla ya tenía vida propia y se había rendido a los pies de Intimate Stranger. Ya no hacía frío. Me dijo algo así como ''a la mina esta le gusta Allan Poe, escribe canciones sobre él'' y pienso que eso me gusta. De pronto el gordito quedándose pelado que vi antes con un polerón de The Cure en la barra, tiene sentido. Entre canciones Tessie dice cosas como ''somos Intimate Strangers y ojalá les gusten nuestras canciones'' y su acento es rarísimo, de verdad como rusa o algo así. Era fantástico creer que el hallazgo encima era de Europa oriental. Ah! y el guitarrista es igual de cara a Noel Gallagher. Cuando ella anuncia que la próxima canción que tocarán se llama -no me acuerdo- y que es 'rápida, muy rápida' empieza una cosa increíble. Tessie -que hasta ahora era una especie de escultura inmóvil (especialmente su chasquilla perfecta, como para pasarla en clases de geometría)- se pone saltarina, mueve la cabeza, mueve los brazos y las manos. Cuando la presentación terminó, en el baño escuché a dos amigas hablándose a través del separador de wáteres. Decían que Tessie había tenido guagua hace un mes: “Increíble que esté así de guapa”, “Sí, impresionante”. Ella de verdad canta extraordinariamente bien y es una especie de encarnación de todas las minas increíbles, desde Souxie hasta Karen O, pasando por Liz Phair, Pj Harvey y hasta Kim Deal, pero definitivamente su voz es muy Emily Heins. Porque por dios que suenan como Metric o Pretty Girls Make Graves o Dover en la época buena, con ese tecladito perfecto y el guitarrista siempre al lado. La guitarra del igualito a Gallagher también hace metamorfosis, porque en esas 5 o 6 canciones que tocaron, sonó como Johnny Marr, sonó como The Cure, sonó como los Ramones, hasta sonó como Sonic Youth. Primera vez que la sorpresa es tan grande con una banda en un bar chico. El baterista también la lleva y el tecladista no puede estar mejor. Y no he leído las letras todavía pero estoy segura de que son buenas, segura-segura. Los arreglos son los de una banda de verdad y no como la mayoría de las cosas que uno escucha los fines de semana de bar en bar. Ayer puedo decir que me topé con una banda de verdad, de las que te hacen pensar que en unos años más vas a poder decir que los viste en un bar chico en el 2009. De las que podrían sonar bien en cualquier lado. Más que hacer la analogía del amor a primera vista, se define mejor mi experiencia con el cliché que viene después de ese: ‘era como si nos conociéramos de toda la vida’, porque a veces las bandas nuevas que a uno le gustan mucho lo único que hacen es poder reproducir exitosamente algo que uno quería de antes, que era como un eco y que no existía en la realidad hasta que te lo topas.